Cuando llega la temporada de fiestas, el vientre de Lyon se transforma en un escaparate de dulzuras. Bajo las bóvedas de Part-Dieu, chocolateros y pasteleros despliegan un saber hacer excepcional.
Desde las primeras semanas de diciembre, una dulce efervescencia recorre los pasillos de Les Halles de Lyon Paul Bocuse. Escaparates relucientes, aroma de cacao tostado y mantequilla avellanada, estuches atados con cintas: la temporada de fiestas se instala en este mercado cubierto, clasificado como el tercer mejor del mundo por la revista Food & Wine. Bajo las bóvedas de Part-Dieu, el chocolate y la pastelería se vuelven un arte de vivir, herencia de una ciudad que cultiva la gula como un patrimonio.
Las grandes casas del mercado rivalizan en talento. En Sève, Richard Sève, maestro chocolatero reconocido entre los mejores de Francia, compone troncos de Navidad, estuches y postres en capas donde la precisión del gesto responde a la exigencia del producto. A pocos pasos, la Maison Bouillet despliega sus creaciones audaces, herederas de una casa familiar nacida en 1977, mientras que Richart, chocolatero y maestro del macaron desde hace tres generaciones, no deja de inventar nuevas formas y sabores.
Las fiestas lionesas tienen también sus emblemas. La praline roja, joya dulce de la ciudad, ilumina tartas y brioches con un tono festivo, mientras que los troncos enrollados de praliné perpetúan una tradición querida por los artesanos de la región. En Les Halles, estos clásicos se reinventan cada invierno sin traicionar jamás la autenticidad del gesto.
Pasear bajo las bóvedas en diciembre es componer tu cena de fiesta de una sola mirada: un estuche aquí, un tronco allá, un surtido de macarons para cerrar el festín. Cada puesto cuenta una casa, una historia, una firma. El padrino Paul Bocuse, cuyo centenario del nacimiento se celebra en 2026, habría amado esta imagen de un mercado vivo donde la gula se eleva, cuando llega el invierno, hasta su cumbre.
