Bajo la gran vidriera de Les Halles de Lyon Paul Bocuse, cafés, bares y restaurantes prolongan el mercado en una mesa viva donde el placer se comparte a cualquier hora.
En Les Halles de Lyon Paul Bocuse, el arte de la mesa no se limita a llenar las cestas: se sienta a comer. Alrededor de los puestos, cafés, bares y restaurantes componen un barrio goloso donde uno se instala en la barra como en casa. Aquí se prolonga la visita, copa en mano, para degustar en el momento lo que se acaba de admirar. Es el espíritu mismo de Lyon, capital de la gastronomía, apadrinado por el más grande de sus chefs, Paul Bocuse.
La jornada suele comenzar con un ritual muy querido por los lioneses: el mâchon. Nacido en el siglo XIX entre los canuts y los mercaderes de seda, esta comida matinal y generosa, hecha de embutidos y buenos vinos locales, se saborea desde primera hora en un ambiente distendido. En la barra de los abridores de ostras, estas se abren al momento, acompañadas de una copa de blanco fresco: un instante sencillo y refinado, convertido en seña de identidad de las Halles.
Las casas de buen comer adoptan aquí aires de bouchon. Fieles a la tradición, varios restaurantes subliman las especialidades regionales y el legado de las mères lyonnaises, aquellas cocineras que llevaron la fama de Lyon por todo el mundo. Quenelles, aves de Bresse, carnes maduradas y platos del día se degustan en una cálida convivencia, en la sala, en la barra o en las terrazas bajo la vidriera.
Comer en las Halles es vivir la gastronomía en movimiento: del productor al plato, sin salir jamás del lugar. Es, sencillamente, el arte de la mesa lionesa en lo más auténtico y alegre que tiene.
