Plumaje de nieve, patas de azur, cresta de fuego: la única ave del mundo distinguida con una AOP vela con orgullo bajo las bóvedas de Les Halles de Lyon Paul Bocuse.
Existe un ave que toda Francia nos envidia y que Lyon atesora como un bien preciado: el ave de Bresse. Criada en un terruño excepcional que se extiende por el Ain, el Saône-et-Loire y una franja del Jura, es la única ave del mundo que posee una denominación de origen, reconocida desde 1957 bajo la presidencia de René Coty y consagrada con la AOP europea en 1996. Su plumaje inmaculado, sus patas de un azul profundo y su cresta escarlata componen una auténtica bandera de la gastronomía.
Tras este esplendor se esconde un saber hacer paciente, sostenido durante mucho tiempo por las granjeras de Bresse y transmitido de generación en generación. Pollitos seleccionados, largas semanas de libertad sobre amplias praderas de hierba, un acabado a base de maíz y leche: cada etapa obedece a un pliego de condiciones riguroso. Al final del recorrido, la carne se vuelve nacarada, fina y tierna, con un sabor que los más grandes chefs consideran incomparable.
En Les Halles de Lyon Paul Bocuse, nuestros avicultores son sus apasionados guardianes. Tras sus mostradores, aconsejan la pieza adecuada y la cocción ideal, desde el pollo del domingo hasta la pularda de los días señalados, pasando por el capón coronado de las fiestas. Reconocible por la anilla sellada a su pata, cada ave revela el nombre de su criador y el orgullo de toda una región.
Cada mes de diciembre, este trabajo culmina en las Glorieuses de Bresse, prestigioso concurso nacido en 1862, donde las aves más hermosas, envueltas en una fina tela como un precioso estuche, compiten por los grandes premios. Elegir su ave de Bresse en Les Halles es regalarse un fragmento de patrimonio vivo y rendir homenaje a Monsieur Paul, que tanto amaba sublimar esta joya de nuestros campos.
